Cristianos Viviendo Como Cristianos

¡En el desarrollo de nuestra vida, uno de los valores más altos y urgentes a perseguir es la integridad! Esta se puede resumir en ser perfectamente congruentes entre lo que creemos y hacemos, entre lo que predicamos y vivimos, sin que haya contradicción alguna. ¡Si decimos que somos algo, nuestra conducta y nuestras decisiones diarias deben respaldarlo por completo! En este contexto tan crucial, todos los creyentes debemos preguntarnos con total honestidad si nuestra forma exterior de vida es un reflejo fiel de nuestra fe interior… si nuestro testimonio diario está reflejando la vida de Jesucristo y de su Palabra. Como creyentes en Cristo, tenemos el llamado imperativo de ser “cristianos viviendo como cristianos”; porque si eso es lo que proclamamos ser, ¡entonces así es exactamente como debemos vivir! San Pablo escribió a los efesios diciendo: “Yo, prisionero por servir al Señor, les suplico que lleven una vida digna del llamado que han recibido de Dios, porque en verdad han sido llamados. Pues antes ustedes estaban llenos de oscuridad, pero ahora tienen la luz que proviene del Señor. Por lo tanto, ¡vivan como gente de luz!” (Ef.4:1; 5:8).

RECURSOS DE SOBRA… Y MÁS QUE SUFICIENTES

El contestarnos estas preguntas no debe ser solo una reflexión ocasional, sino una medición constante, porque ¡gracias a Dios!, tenemos todos los recursos espirituales necesarios a nuestro alcance para lograrlo, como lo demuestran los siguientes versículos: “Mediante el poder del Espíritu hacemos morir las acciones de la naturaleza pecaminosa” (Rom.8:13). “Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina” (2 Tim.1:7). “Sean fuertes en el Señor y en su gran poder. Pónganse toda la armadura de Dios para poder mantenerse firmes contra todas las estrategias del diablo” (Ef.6:10-11). “Y toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o incluso imaginar mediante su gran poder que actúa en nosotros” (Ef.3:20).

San Pablo sabía cuan potente fuerte espiritual nos respalda, por lo que su gran anhelo era que los creyentes lo alcanzáramos a entender. Escribió: “Pido en oración que entiendan la increíble grandeza del poder de Dios para nosotros, los que creemos en él. Es el mismo gran poder que levantó a Cristo de los muertos” (Ef.1:19-20). Luego San Juan también dijo a los creyentes: “Ustedes, mis queridos hijos, pertenecen a Dios. Ya lograron la victoria sobre esos falsos profetas, porque el Espíritu que vive en ustedes es más poderoso que el espíritu que vive en el mundo” (1 Jn.4:4).

ROMANOS 12: UN RESUMEN MEDIBLE

¿Habrá alguna porción bíblica que nos pueda resumir lo que esto involucra? Sí. Romanos capítulo 12 es un pasaje que nos ilumina acerca del “testimonio público visible” de la entrega de un cristiano comprometido, y nos muestra cinco rasgos que definen el perfil de un discípulo de Jesús que lleva su cristianismo a la práctica y a la realidad:

  • Vive Rendido a Dios. Es decir, ha encontrado la clave de cómo dar a Dios lo que él más quiere de nosotros. Dice: “Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo” (Rom.12:1).
  • Vive Separado del Mundo. Es decir, ha encontrado la clave de cómo recibir lo mejor de Dios para su vida. Dice: “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta” (Rom.12:2).
  • Vive de Acuerdo a su Identidad y Funge en su Vocación. Es decir, ha encontrado la clave de cómo aceptar su verdadero ser en Dios y ha aprendido auto evaluarse con sobriedad. Dice: ”Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado. Así como nuestro cuerpo tiene muchas partes y cada parte tiene una función específica, el cuerpo de Cristo también. Nosotros somos las diversas partes de un solo cuerpo y nos pertenecemos unos a otros. Dios, en su gracia, nos ha dado dones diferentes para hacer bien determinadas cosas. Por lo tanto, si Dios te dio la capacidad de profetizar, habla con toda la fe que Dios te haya concedido. Si tu don es servir a otros, sírvelos bien. Si eres maestro, enseña bien. Si tu don consiste en animar a otros, anímalos. Si tu don es dar, hazlo con generosidad. Si Dios te ha dado la capacidad de liderar, toma la responsabilidad en serio. Y si tienes el don de mostrar bondad a otros, hazlo con gusto” (Rom.12:3-8).
  • Vive Sirviendo a Otros en Amor. Es decir, ha encontrado la clave de cómo experimentar la verdadera comunidad. Dice: “No finjan amar a los demás; ámenlos de verdad. Aborrezcan lo malo. Aférrense a lo bueno. Ámense unos a otros con un afecto genuino y deléitense al honrarse mutuamente. No sean nunca perezosos, más bien trabajen con esmero y sirvan al Señor con entusiasmo. Alégrense por la esperanza segura que tenemos. Tengan paciencia en las dificultades y sigan orando. Estén listos para ayudar a los hijos de Dios cuando pasen necesidad. Estén siempre dispuestos a brindar hospitalidad” (Rom.12:9-13).
  • Vive Venciendo el Mal Haciendo el Bien. Es decir, ha descubierto la clave para responder a la adversidad de un modo sobrenatural. Dice: “Bendigan a quienes los persiguen. No los maldigan, sino pídanle a Dios en oración que los bendiga. Alégrense con los que están alegres y lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros. No sean tan orgullosos como para no disfrutar de la compañía de la gente común. ¡Y no piensen que lo saben todo! Nunca devuelvan a nadie mal por mal. Compórtense de tal manera que todo el mundo vea que ustedes son personas honradas. Hagan todo lo posible por vivir en paz con todos. Queridos amigos, nunca tomen venganza. Dejen que se encargue la justa ira de Dios. Pues dicen las Escrituras: «Yo tomaré venganza; yo les pagaré lo que se merecen», dice el Señor. En cambio, «Si tus enemigos tienen hambre, dales de comer. Si tienen sed, dales de beber. Al hacer eso, amontonarás carbones encendidos de vergüenza sobre su cabeza». No dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien” (Rom.12:14-21).

Comparémonos con este nivel. Como hijos salvados por gracia, nos es permitido considerar y examinar si hemos llegado a cumplir con esta clase de vida.

UNA MEDIDA GENERAL… UNA MEDICIÓN MUY INDIVIDUAL

El escritor de Hebreos nos dice: “No se volverán torpes ni indiferentes espiritualmente. En cambio, seguirán el ejemplo de quienes, gracias a su fe y perseverancia, heredarán las promesas de Dios” (Heb.6:12).

Podemos aplicar la medida espiritual descrita en Romanos 12 a nuestra vida personal por medio de hacernos con regularidad las siguientes preguntas:

  • ¿Sé qué es lo que Dios realmente quiere de mí?
  • ¿Sé y me recuerdo a mí mismo cómo sería una vida realmente rendida a Dios?
  • ¿Estoy rendido completamente a Dios?
  • ¿Siento culpabilidad todavía o me he cansado de esforzarme por ser fiel?
  • ¿He descubierto mi verdadero ser en Dios?
  • ¿He hallado mi lugar de bendición y fruto dentro del Cuerpo de Cristo?
  • ¿Conozco el verdadero propósito de Dios para mi vida?
  • ¿Estoy desarrollando relaciones positivas y espirituales que duren para toda la vida?
  • ¿Cuáles cosas me podrían estar impidiendo experimentar una auténtica comunidad espiritual con otros?
  • ¿He aprendido a ver con los ojos de Dios a quienes me han herido más?
  • ¿He rendido mis resentimientos y permitido que Dios me sane el alma?

Romanos 12 es titulado frecuentemente como el capítulo de “los deberes cristianos” o de cómo ser “un sacrificio vivo para Dios”. No se trata de discutir si es posible, porque ¡lo es!, sino de estar plenamente dispuesto a hacerlo. No se trata de “intentarlo inútilmente” con nuestras propias fuerzas, sino de hacer una entrega total diaria al Padre, quien realiza la obra en nosotros. ¡Es él quien lo hace cuando vivimos en comunión íntima con él! Así los demuestra San Pablo, diciendo: “No dejen que ninguna parte de su cuerpo se convierta en un instrumento del mal para servir al pecado. En cambio, entréguense completamente a Dios, porque antes estaban muertos pero ahora tienen una vida nueva. Así que usen todo su cuerpo como un instrumento para hacer lo que es correcto para la gloria de Dios” (Rom.6:13). “Ahora, que el Dios de paz los haga santos en todos los aspectos, y que todo su espíritu, alma y cuerpo se mantenga sin culpa hasta que nuestro Señor Jesucristo vuelva” (1 Tes.5:23). “Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva” (Fil.1:6).

También el salmista David oraba: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mí” (Sal.51:10).

CONGRUENTES EN TOTALIDAD

Realmente en Cristo tenemos todo lo necesario para ser los mismos “tanto en la oscuridad como en la luz”, pues como los creyentes estamos “completos mediante la unión con Cristo, quien es la cabeza de todo gobernante y toda autoridad” (Col.2:10), “pues mediante esa única ofrenda, él perfeccionó para siempre a los que está haciendo santos” (Heb.10:14).

Algunos de los hombres más incongruentes que aparecen en la Biblia fueron los fariseos hipócritas, a quienes les encantaban las apariencias y a quienes Jesús les reclamó diciendo: “A ustedes les encanta aparecer como personas rectas en público, pero Dios conoce el corazón. Lo que este mundo honra es detestable a los ojos de Dios” (Lc.16:15).

Seamos honestos, fiables e irreprochables, llevando a la práctica visible la justicia que Cristo ya nos regaló en nuestro ser interior. Juró el rey David ante Dios diciendo: “Tendré cuidado de llevar una vida intachable; viviré con integridad en mi propio hogar” (Sal.101:2).

Podemos ser cabales, rectos y justos, tal como la Palabra nos exige, diciendo: “vivan de una manera completamente santa en todo lo que hagan, tal como Dios, quien los eligió, es santo” (1 Pe.1:15). San Pablo también buscó ser una persona probada y no reprobada, acorde y no desacorde con su mensaje. Dijo: “Disciplino mi cuerpo como lo hace un atleta, lo entreno para que haga lo que debe hacer. De lo contrario, temo que, después de predicarles a otros, yo mismo quede descalificado” (1 Cor.9:27). Y “si quisiera jactarme, no sería ningún necio al hacerlo porque estaría diciendo la verdad; pero no lo haré, porque no quiero que nadie me atribuya méritos más allá de lo que pueda verse en mi vida u oírse en mi mensaje” (2 Cor.12:6).

AHORA… ¡A DEJAR QUE EL PADRE OBRE EN NOSOTROS!

¡No perdamos más tiempo! Que Dios nos ayude hoy mismo a “predicar sin predicar”, a convencer al mundo sin usar la voz. Recuerda que “cuando alguno de ellos se niegue a obedecer la Buena Noticia, la vida recta de ustedes les hablará sin palabras. Ellos serán ganados al observar la vida pura y la conducta respetuosa de ustedes” (1 Pe.3:1-2).

¡Tenemos una nueva identidad en Cristo! ¡Decidamos con firmeza y valentía vivir conforme a ella cada segundo de nuestros días! Tengamos hoy esa misma clase de fe indomable que tenía el salmista cuando dijo: «Creí en Dios, por lo tanto hablé» (Sal.116:10; 2 Cor.4:13).

¡Es momento de levantarse y avanzar con poder! Recuerda la promesa: “Todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!” (2 Cor.5:17).

¡Vivamos hoy como lo que realmente somos!

Por:

ARIEL ROMERO LÓPEZ

Pastor General – Ministerio Vino y Aceite Internacional

(C) 2026

NOTA:

Versión Bíblica usada: Nueva Traducción Viviente NTV de las Sagradas Escrituras (c) 2010

Obra consultada: “Viviendo al Límite”, por Chip Ingram. (C) 2009

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