Pastor Ariel Romero López Blog
El amor y la bondad de nuestro Dios son tan fuertes que un simple toque de su Gloria puede darle un vuelco completo a nuestra vida.
Pasándonos de enfermedad a salud…
De escasez a fluir…
De limitación a estabilidad…
De duda a fe…
De impotencia a potencia…
De confusión a claridad…
De debilidad a fresca unción…
De temor a valentía…
De ruina a plenitud…
Esto lo vemos comprobado en el hermoso relato de aquella otrora triste mujer quien fue completamente sanada de la terrible enfermedad de “flujo de sangre”… ¡simplemente al tocar a escondidas “el borde” del manto del Mesías!
San Lucas nos relata en su Evangelio que “una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre” (Lc.8:43,44).
LECCIONES DE FE
Pero, ¿cuales lecciones espirituales podemos extraer de este impresionante relato, que nos ayuden a recibir esos milagros sobrenaturales prometidos para nosotros?
Sin duda, muchas joyas espirituales, entre ellas:
NUESTRO ESFUERZO Y DISPOSICIÓN CUENTA MUCHO
Nunca debemos dejar de estirar nuestra fe “un poco más… y luego un poco más”… hasta llegar a sentir cómo fluye el maravilloso poder de Jesús hacia nosotros, bendiciendo nuestro ser tan necesitado de él.
Para recibir de él, básicamente todo lo que se toma es fe. Y el Señor mismo se lo dijo a la mujer que fue sanada aquí: “Tu fe te ha sanado”.
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Heb.11:1).
Sin embargo, también notamos la iniciativa que tuvo la mujer por llegar hasta Jesús y tocarlo.
Muchos dicen que “no es tu esfuerzo el que hace la diferencia”, que “solo importa la parte de Dios actuando por medio de tu fe”. Otros no hacen ningún esfuerzo, y dicen “yo solo espero en él”. Pero se olvidan de que la disposición y la procuración también es una forma de fe que Dios mira y honra.
Nuestro esfuerzo por llegar más cerca de él le agrada muchísimo. Nuestra búsqueda de él le envía una señal de amor hacia su corazón, y su alma sensible y tierna es movida por ese impulso de nuestra parte.
Mi “estirar la mano” para alcanzar el milagro cuenta…
Mi disciplina en la oración personal cuenta…
Mi asistencia a las reuniones de una iglesia cuenta…
Mi acudir a un evento especial de avivamiento cuenta…
Mi buscar respuesta en una conferencia para mi familia cuenta…
Mi desplazarme hasta donde haya una de fe palabra cuenta…
Mi buscar y ver una predicación de fe “hasta el final” cuenta.
Mi disciplina de leer la Biblia con regularidad cuenta…
… siquiera algo, ¡pero cuenta!
… son esfuerzos humanos, sí… ¡pero cuentan como expresión de nuestra fe!
Haz la prueba y lo verás.
En la Biblia vemos que nunca tendrá el mismo resultado la vida de un flojo que la de un hombre esforzado.
“El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada” (Pr.13:4).
“Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra” (Is.1:19).
“Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día” (I Tim.5:15).
UN ENCUENTRO ES EL DESEO DE JESÚS… ¡MÁS QUE SOLO SANAR!
Una de las cosas que salta a la vista en este hermoso pasaje es que Jesús preguntó por saber “quién” era la persona que le había tocado con fe. Él anhelaba verle a los ojos, mirar su rostro, saber quién era… hablarle y escucharle… ¡conocerle!
Ella no estaba buscando una palabra, pero Él deseaba dársela.
Ella no deseaba una entrevista “cara a cara”, pero Él quiso realizarla.
¡Y esto nos dice muchísimo!
Que nosotros muchas veces solo estamos buscando una manifestación, mientras que el Maestro está buscando una relación.
Debemos ceder a esa invitación, y concederle así este ardiente anhelo al Maestro.
Ella tal vez no se sentía digna de pedir tanta atención. Solo estaba desesperada.
Sin embargo, Él la dignificó con una atención individual, con su diálogo, con la importancia que le dio a su persona… con el reconocimiento público al “logro de su fe”, que la acababa de poner como “todo un ejemplo”.
¡Aleluya! ¡Así es Jesús!
Todos haremos bien, entonces, en preguntarnos si al acercarnos a Cristo vinimos solo esperando ser ayudados, pero no conocidos.
Pero él no solo quiere que seas un testimonio… sino su discípulo y su amigo.
¡Gloria a su Nombre!
Dale la cara a Jesús, y mírale el rostro.
No solo le presentes tu problema. Preséntale tu persona entera.
Tu mayor regalo no sería un milagro de sanación, sino Su radiante sonrisa mirándote directamente.
JESÚS SIEMPRE ESTÁ LISTO PARA SANAR
Otra cosa que llama la atención en este pasaje es que, como siempre, el Maestro tenía “completamente” disponible su poder hacia todo el que necesitara, y por eso pudo fluir de Él ¡aún sin orar!
A veces nosotros, al no recibir nuestras respuestas pronto, solemos asumir que el Señor tiene limitado su poder. En otras ocaciones aún pensamos que Jesús es hasta “selectivo” con quiénes derrama Su gloria.
Pero esto no es así. Él siempre está listo para atender a los que creen en él.
¡Él es para todos!
“Cristo es el todo, y en todos”, y nosotros estamos “completos en él” (Col.2:10; 3:11).
“Los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él” (II Cr.16:9).
“Un leproso se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció” (Mt.8:2,3).
No se exactamente por qué, pero tal vez a causa de las cosas que llegamos a vivir en esta vida, tenemos el concepto erróneo de un Dios cambiante e impredecible, que “a veces quiere ayudar pero a veces no”, que hoy “está de buenas”, por ejemplo, y otras veces no.
¡Cuánto desaliento es esto para al alma! ¡Es terrible “no saber” cómo reaccionará ahora nuestro propio Padre!
Sin embargo, la Palabra no nos presenta a un Dios así de voluble. Antes, más bien nos da a conocer a un Padre amoroso que siempre quiere ayudar, y que solo nos pide que se lo pidamos.
“Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, Para los que guardan su pacto y sus testimonios” (Sal.25:10).
“Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones” (Sal.100:5).
“Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos” (Mal.3:6).
“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Heb.13:18).
“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (St.1:17).
Se llama inmutabilidad, y es uno de los atributos esenciales de Dios. Él no cambia ni varía en su bondad, porque es siempre bueno. No es inestable.
Jesús nos lo presentó así: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mt.7:11).
PEDIR Y ACERCARSE ES FE
Otra de las formas que toma una fe genuina es el acercamiento dispuesto, como lo hizo la mujer.
“Se le acercó por detrás” (Lc.8:44).
A veces sientes que tu fe es muy poca, escasa o pequeña.
¡Y tal vez sí lo es!
¡Y eso está bien!
Pero aún así, solo pide, con la poca fe que tengas. Usa esa “fe chica” que tienes por medio de una oración, y verás los más preciosos resultados en tu vida. Liberación y bienestar te esperan.
“Pídeme, y te daré” (Sal.2:8).
Usa la esperanza que hay en ti… acercándote a él… con sencillez, con desesperación, con sinceridad.
“¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados” (St.5:14,15).
JESÚS AMA A TODOS POR IGUAL
Finalmente, otra hermosa lección que surge en esta historia es que Jesús tiene el mismo cuidado de todas las personas, y que trata con dignidad a todos por igual.
Jairo, quien primero había solicitado la intervención misericordiosa del Maestro, era un “principal de la sinagoga”; por otra parte, la mujer era solo una persona desconocida y enferma. Sin embargo, magnánima y santamente, ambas personas reciben la misma calidad de atención por parte de Cristo, y ambas reciben su milagro sobrenatural.
¡Aleluya! Con razón, en otra ocasión “Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hch.10:34,35).
¡Qué liberador saber esto! Y qué bello el corazón de Jesús.
No importa en cuantas “clasificaciones nos cataloguen los hombres” en esta tierra, todos tenemos la misma oportunidad de conocer a nuestro Rey, y recibir de él lo que necesitamos.
Entonces, nunca te sientas menos amado, menos escuchado o menos atendido. Entre nosotros como familia de Dios “no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Col.3:11).
TIENES UNA CITA CON EL TIEMPO DE DIOS
Aquí hay también un detalle interesante: La hija de Jairo tenía algunos 12 años de edad (según el cronista Lucas), el mismo lapso de tiempo que tenía enferma la mujer necesitada de un milagro. Esto quiere decir que cuando la niña estaba naciendo en la familia de Jairo, una mujer menesterosa estaba cayendo enferma.
La chica había vivido los últimos años posiblemente de lo más sana, hasta que enfermó, mientras que la adulta había pasado esos mismos 12 años padeciendo gravemente. Una se miraba llena de vida, mientras que el rostro de la otra reflejada prácticamente la muerte.
Jóvenes y viejos tenemos todos el mismo riesgo de enfermar durante la vida. No hay diferencia. La enfermedad tampoco hace excepciones.
Con todo, en el mismo día ambas fueron sanadas, totalmente listas para emprender una nueva etapa de vida… pero ahora con el testimonio vivo de haber sido receptoras de las obras del amoroso Rabí de Galilea, quien había pasado por su tierra.
¡Bendito sea Dios!
La necesidad urgente de ambas hizo evidente en aquel día era testimonio de que nadie tiene “la vida comprada”, que mueren jóvenes como mueren viejos; y sin embargo, su necesidad se convirtió también en testimonio de que Jesús sí puede prolongar la existencia… porque él es la vida, porque tiene todo el poder…. porque no existe nada que él no pueda hacer.
La edad era diferente, pero no la atención de Jesús.
La enfermedad era diferente en estas hijas de Dios, pero no el remedio.
Antes del milagro de la niña su padre se postró para implorar; después de su milagro la señora se postró para confesar.
Diferentes reacciones, momentos variados… distintos milagros, ¡pero un solo sanador!
EL QUE NUNCA LLEGA TARDE… ¿O SÍ?
¿Te ha parecido que Dios está tardando demasiado para llegar en tu auxilio?
Es posible que los conocidos de Jairo hayan pensado que la dilación que tomó Cristo por poner atención a la hemorroísa haya sido clave en la muerte de la joven., porque “vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro” (Lc.8:49).
Oh, pero sin embargo Jesús no está limitado por el tiempo ni por el espacio. Él nunca llega tarde, aunque en lo humano así pareciera. Él puede atendernos a todos al mismo tiempo. Cuando nosotros pensamos que ya todo terminó, él todavía puede proveernos plena esperanza.
¡Él siempre tiene la última palabra!
Dice: “Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y será salva” (Lc.8:50).
¡Ambas fueron salvas ese glorioso día! Antes de ese día tanto la anciana como la joven sintieron una cita con la muerte, pero Jesús les demostró que lo que tenían era una cita con la vida.
Medita:
¿Cuál es tu óptica de vida?
¿Miras con condición actual como un presagio de muerte o como una oportunidad de vida?
Decide hoy mirarte con los ojos de Dios, con la fe positiva…. con la mira de la posibilidad… con los lentes de la seguridad divina.
Juan 9:2 dice del caso del ciego: “Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Jn.9:3).
Por
ARIEL ROMERO LÓPEZ
Pastor General – Ministerio Vino y Aceite Internacional
(C) 2026





