LA RUTA A LA PLENITUD

Uno de los versículos considerados de los más bellos en toda la Biblia para algunas personas es el siguiente:

“Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor del Señor” (Pr.22:4).

Nunca supe la historia del fundador y dueño de una flota de buses de transporte que usé en República Dominicana, que se llaman SICHOEM, pero sí pude entender acerca del por qué de su crecimiento exponencial como negocio, desde su origen en 1983 como un sindicato de choferes, hasta evolucionar con el tiempo para operar como una amplia empresa de transporte público de pasajeros y envío de paquetería, que conecta la ciudad de La Romana con Santo Domingo y otras localidades del país, por donde yo anduve viajando como predicador misionero.

Lo que encontré es que en la parte de atrás de sus camiones siempre llevaban un texto bíblico visible, que dice: “El Señor me ha premiado conforme a mi justicia; conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado” (Sal.18:20). ¡Este verso habla de lo mismo!

Este “secreto” que ellos toman como filosofía de trabajo y emblema empresarial me dijo mucho y me habló tanto… especialmente para poder yo proveer alguna fórmula clara y concisa para todos los hijos de Dios que desean que el Padre Celestial ponga su bendición sobre su vida y sus esfuerzos.

Al ver su gran éxito, y cómo encontraron ellos en la Biblia ese “camino” para llegar allí, me sentí ampliamente motivado a encontrar un lema de vida para compartir con todos un “mapa bíblico” para nuestros sueños y anhelos (para algunos empresariales o profesionales, para otros ministeriales o personales, así como metas en cuanto a la salud o proyecto de familia).

¡Proverbios 22:4 nos provee de esa ruta claramente!

OFERTA PARA OBTENER PLÉTORA DIVINA

¿Cómo asegurar que Dios esté conmigo… en todo lo que haga, y para toda la vida?

En este versículo, nuestro Dios nos está haciendo una oferta.

Nuestro Padre nos dejó aquí un camino definido para llegar a la plenitud.

Y no es un secreto guardado para algunos… sino una senda que todos podemos recorrer.

¡Está revelada en el desglose de cada una de sus seis palabras!

Riquezas… vida… honra… remuneración… humildad… temor del Señor.

Pero para lograrlo olvídate del proceso, y enfócate en el final.

El proceso a veces es desagradable. Es cierto Jesús mismo pidió que si fuera posible se le librara del proceso, y, sin embargo, estuvo dispuesto a pasarlo, si no había otra manera, porque se enfocó en el final.

Debemos aprender a decir todos los días: -Padre, tal vez no quiero el proceso, pero el final si lo quiero, Dios mio!-

Hebreos 12:1-3 dice: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar-”

Dios nos está diciendo, pues: -Si quieres ser grande para conmigo, entonces sé humilde delante de mí. Reconoce que yo soy tu Dios y no me niegues nada de ti. No me reserves nada, y Yo no reservaré nada para ti.-

Cuando haces eso, entonces ya no preguntas: -Señor, ¿cómo lo vas a hacer, o cómo vas a realizar el milagro, o qué vas a hacer para que yo pueda salir de esto… o aquello?- En ese momento recordarás que para eso precisamente él es Dios.

RIQUEZAS

VIDA

HONRA

REMUNERACIÓN

HUMILDAD

TEMOR

¡Esto sí que es una ruta!

RIQUEZAS AL ESTILO DE DIOS

La riqueza mencionada en este pasaje se refiere a la abundancia general que está disponible para los hijos de Dios, con el fin de que puedan cumplir la tarea que él les asignó en la vida.

Es un hecho: Dios te quiere enriquecido y con una vida de suficiencia… aunque de frente este tema te parezca demasiado terrenal.

Desde el punto de vista de Dios no es pecaminoso enriquecer, ¡para nada!, porque él tiene el plan de hacerte su publicidad para con otros.

La bendición que Dios quiere regalarte, no sólo pasará por tus manos hasta que la disfrutes, sino que también será un testimonio para que muchos alejados vengan a cobijarse debajo de la revelación que tú tienes acerca de Dios como padre y amigo.

Eso fue lo que él le dijo a Abraham en Génesis capítulo 12:1-3: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”

En realidad, la gente de este mundo está ciega a las cosas de Dios. Pero por cuanto él les ama, entonces hace milagros para sus hijos con el fin de que los demás puedan verle a través de ese evidente favor.

Escucha: ¡La gente no quiere saber del Dios que tú sirves hasta que no ven cuánto te ha servido servir a ese Dios!

Para muchos de nosotros, la gente nos preguntaría: -Si tu Dios es tan bueno, ¿entonces por qué estás tan amargado?- Sin embargo, por otra parte, y aprendiendo a vivir en otra dimensión más amplia, la gente nos preguntará: -Si tu Dios es tan bueno por qué no me lo presentas para que también me ayude a mí?-

En realidad, caminando de la mano de Dios, no hay escasez de provisión, porque nuestro Dios no tiene fronteras. La limitación la hemos puesto nosotros mismos.

A José el Soñador le fue cumplida profusamente esta promesa, en Génesis 41:46-57, y se convirtió en un increíble instrumento de bien y provisión:

“Era José de edad de treinta años cuando fue presentado delante de Faraón rey de Egipto; y salió José de delante de Faraón, y recorrió toda la tierra de Egipto. En aquellos siete años de abundancia la tierra produjo a montones. Y él reunió todo el alimento de los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto, y guardó alimento en las ciudades, poniendo en cada ciudad el alimento del campo de sus alrededores. Recogió José trigo como arena del mar, mucho en extremo, hasta no poderse contar, porque no tenía número. Y nacieron a José dos hijos antes que viniese el primer año del hambre, los cuales le dio a luz Asenat, hija de Potifera sacerdote de On.  Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre. Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción. Así se cumplieron los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto. Y comenzaron a venir los siete años del hambre, como José había dicho; y hubo hambre en todos los países, mas en toda la tierra de Egipto había pan. Cuando se sintió el hambre en toda la tierra de Egipto, el pueblo clamó a Faraón por pan. Y dijo Faraón a todos los egipcios: Id a José, y haced lo que él os dijere. Y el hambre estaba por toda la extensión del país. Entonces abrió José todo granero donde había, y vendía a los egipcios; porque había crecido el hambre en la tierra de Egipto. Y de toda la tierra venían a Egipto para comprar de José, porque por toda la tierra había crecido el hambre”.

¡Esto sí que es riqueza!

VIDA QUE FLUYE DESDE EL CIELO

La “vida” a la se alude aquí es una larga y duradera vida abundante. Es referencia con la “vida en abundancia” que Jesús dijo que él vino a darnos (Jn.10:10).

Es “vida real”, o sea, “vida con sentido y con propósito”.

José, el Soñador, recibió esta bendición, y llegó hasta los 110 años (Gen.50:22-26).

Hombres como David, Salomón y toda esa gente fiel del pasado gozaban de algo maravilloso y sobrenatural: El respaldo divino. La gente hasta tenía miedo de ellos, porque decían: -Dios tiene pacto con ellos. Dios está en medio de ellos.-

¡Todo les salía bien! Todo. Y aún sus errores fueron encausados para impartirles lecciones de crecimiento y madurez.

El hecho es que Dios es la vida misma, y cuando le damos entrada total en nuestro camino la vida de él vivifica nuestros días y los hace tener un increíble rendimiento de disfrute e impacto.

Moisés dijo al pueblo en Deuteronomio 30:19,20: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró el Señor a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar”.

¡Esto sí que es vida!

HONRA DEDICADA AL REY

“Honra” aquí significa honor, esplendor y gloria. Es una promesa que tiene qué ver con la dignidad y la buena reputación que Dios desea para sus hijos. Está expresada en la premisa divina: “Yo honraré a los que me honran” (I Sam.2:30).

En Génesis 12:3 el Señor le promete a Abraham ser bendecido con un alto nivel de respeto y distinción. “Serán benditas en ti todas las familias”. Y esa es la oferta que Dios nos hace, para que seamos verdaderamente un canal benefactor para todos aquellos que hemos visto en necesidad… y que también merecen conocer el amor y el poder de Dios.

Y para eso Dios necesita hacerte un tanto “famoso”, como a Abraham… pero no para tu vanagloria, sino para canalizar gloria divina a otros.

¿Por qué? Porque tu sólo puedes dar lo que tú tienes.

Y esta es la oferta. Dios quiere que tú representes al Dios vivo.

Contrario a lo que muchos piensan, el caminar en una vida de humildad es en realidad un camino hacia una promoción… (si leemos bien este versículo).

Entonces decidamos, ¿qué queremos ser… egoístas o conformistas?

Dios no quiere que seamos egoístas, porque no se trata de nosotros…

Pero tampoco quiere que seamos conformistas, porque se trata de él.

Honra también, por ejemplo, es lo que le fue entregado a José, el Soñador, según Génesis 41:37-45:

“El asunto pareció bien a Faraón y a sus siervos,  y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios?  Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú. Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello; y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: ¡Doblad la rodilla!; y lo puso sobre toda la tierra de Egipto. Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto. Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto”.

¡Esto sí que es honra!

REMUNERACIÓN GARANTIZADA

La palabra “remuneración!” aquí quiere decir “resultado”, y hace alusión a un premio, a algo merecido que recibes como pago.

En Salmos 91:9-16 Dios nos promete:

“Porque has puesto al Señor, que es mi esperanza,

Al Altísimo por tu habitación,

No te sobrevendrá mal,

Ni plaga tocará tu morada.

Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,

Que te guarden en todos tus caminos.

En las manos te llevarán,

Para que tu pie no tropiece en piedra.

Sobre el león y el áspid pisarás;

Hollarás al cachorro del león y al dragón.

Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;

Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

Me invocará, y yo le responderé;

Con él estaré yo en la angustia;

Lo libraré y le glorificaré.

Lo saciaré de larga vida,

Y le mostraré mi salvación.”

La remuneración es una promesa con garantía de no fallar… aun cuando no llegue en la forma y momento que al principio pensamos.

A veces, de hecho, viene a través de un prolongado proceso… pero nunca falla, y siempre llega.

Como se le dijo a Israel: “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído el Señor tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos” (Dt.8:2).

¡De allí la paciencia necesaria en la obediencia!

Como veremos más abajo, humildad en este pasaje tiene qué ver con la orden de obedecer, pero hacerlo sin chistar, una humillación verdadera, sin miradas recelosas.

Así mismo, temor al Señor quiere decir reverente admiración y respetuoso reconocimiento, darle la gloria debida a su nombre al confiar en él sin renegar… aun en medio de todo lo inesperado.

No importa lo que nos pase, debemos aprender a pensar así: -¡Lo bueno de esto es lo malo que se ha puesto!-

Dios te invita a ignorar el proceso para obtener la meta.

De una u otra manera, pase lo que pase, siempre volveremos a corroborar que Dios es fiel… una y otra vez.

Así es como recibiremos lo esperado. “Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Heb.10:36).

¡Esto sí que es remuneración!

UNA HUMILDAD DEMOSTRADA EN TODO

Humildad aquí tiene el sentido de obediencia verdadera y humillación sincera.

La humildad se algo que se escoge, pues no está como prioridad en el ser humano. Es un fruto de estar en comunión con Dios, de practicar voluntariamente la amistad con Jesús y mantenerse abrazados de él. Él está consciente que no tenemos humildad en nosotros mismos, y sin embargo nos pide que desarrollemos lo que no tenemos. Humildad significa someterse a Dios.

San Pablo expresó que “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gal.5.22,23).

Los frutos del Espíritu son como los músculos de nuestro espíritu, desarrollados con la ayuda de nuestro Entrenador, el Espíritu Santo.

Así como los músculos se desarrollan aplicándoles resistencia y uso, nosotros nos desarrollamos espiritualmente cuando decimos que sí a los impulsos del Espíritu, aun cuando nuestra carne dice que no.

Humildad es la mansedumbre, que debemos desarrollar en áreas tan importantes como estas:

  1. Humildes ante Su Palabra. Un obediente es un hacedor de lo ha quedado escrito para nosotros. “Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley del Señor” (Sal.119:1).
  2. Humildes ante Su Señorío. Caminar “delante de Dios” es estar dispuestos a hacer lo que ordene nuestro Conductor, y a sujetarnos a su voluntad. Se debe aprender a callar y a acatar para ser verdaderamente humilde. “Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido” (Lc.14:11).
  3. Humildes con el Prójimo. Cuando tú escoges humillarte ante Dios lo demuestras humillándote delante de los demás. Y esto empieza primero en casa. Por ejemplo, hombre casado, recuerda que como “cabeza” tú tomas la iniciativa de bendecir a tu esposa primero; y así podrás disfrutar de un buen hogar. ¿Por qué? Porque solo disfrutas lo que “bendices”, y también serás tu solo quien sufra lo que “maldices”. Así mismo aplica para con los hijos y padres, y luego para todos los que tienen relación y contacto con nosotros.
  4. Humildes en el Perdón. Ya no podemos vivir por la Ley, que permitía el “ojo por ojo y diente por diente”. Los humildes debemos perdonar. Es un proceso, que comienza con una decisión, y que termina hasta cuando ya no te duele lo que te hicieron. Por lo general, no es en un instante, pero la humildad te hace ser constante hasta concluir el proceso. El caminar en el Espíritu es como estar aplicando la medicina de Dios a las heridas, dosis por dosis. No te puedes olvidar de lo que te hicieron, pero vas a seguir aplicando la medicina hasta lograr que ya no te duela.
  5. Humildes para Arrepentirse. Humildad es literalmente reconocer cuando hemos pecado. ¡Y trae resultados! “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Rom.8:1). Los que “andan en el Espíritu” obedecen sus impulsos de humildad que él nos pone en el corazón.

En la historia del pueblo de Israel, hubo momentos muy malos, pero siempre que se humillaron delante de Dios él los perdonó y los liberó. Y si así lo hizo con esos siervos, ¡que no hará con sus hijos que les servimos por amor! Nosotros hoy estamos en una condición mayor que ellos, como hijos del Nuevo Pacto.

II Crónicas 6:9-13 dice que: “Manasés, pues, hizo extraviarse a Judá y a los moradores de Jerusalén, para hacer más mal que las naciones que el Señor destruyó delante de los hijos de Israel. Y habló el Señor a Manasés y a su pueblo, mas ellos no escucharon; por lo cual el Señor trajo contra ellos los generales del ejército del rey de los asirios, los cuales aprisionaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia. Mas luego que fue puesto en angustias, oró al Señor su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres. Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que el Señor era Dios”.

¡Esto sí que es humildad!

TEMOR DE ADORADORES Y SEGUIDORES

El temor del Señor (que aparece así en nuestra Biblia) se refiere a la reverencia que merece nuestro Padre Celestial, y que nosotros debemos rendirle. Es tomar a Dios en cuenta al administrar todas y cada una de las partes de nuestra vida, como dijo Salomón: “Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión. Teme al Señor, y apártate del mal” (Pr.3:5-7).

Tiene tres aspectos básicos:

  1. ADORACIÓN. Es sinónimo bíblico de respeto hacia su persona, así como de admiración a su majestad. En otras palabras es darle la gloria como Dios que es, el único Dios, pero de una manera no solo devocional sino práctica. “¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, Terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?” (Ex.15:11).
  2. RECONOCIMIENTO. Temor de Dios es pensar primero antes de actuar acerca de cómo mi Autoridad Celestial tomará mis acciones, asociaciones y decisiones, si le gradarán o no, si le contristarán o le alegrarán, si las condena o las autoriza. En este sentido, por ejemplo, Santiago nos exhorta diciendo: “¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala” (St.4:13-16).
  3. INTEGRIDAD. El temor del Señor se manifiesta en una vida de integridad. Es amarle tanto como para desear vehementemente no fallarle. Salmos 26:1 dice: “Júzgame, oh Señor, porque yo en mi integridad he andado; he confiado asimismo en el Señor sin titubear”. Dile a Dios desde hoy: -Mírame y confírmame conforme a mi integridad, porque no estoy buscando ni bien, sino el tuyo, mi Señor.- Integridad es lo que piensas internamente, no lo que haces exteriormente. Es lo que solamente Dios ve, y no precisamente lo que la gente ve. A veces, cometemos errores, y esas cosas son las que ve la gente, pero lo que importante realmente para con Dios es tu integridad interior. Salmos 26:11 dice: “Mas yo andaré en mi integridad. Redímeme, y ten misericordia de mí”.

No pongas excusas para vivir una vida de completa rendición. ¡Ten temor de Dios!

El que se excusa se está preparando para cometer el mismo pecado de nuevo, y el que se defiende y se justifica nunca se hizo responsable de lo que hizo.

Confiesa tu pecado, porque cuando lo confiesas obtienes poder sobre ese pecado.

Y llámale “pecado”, y no solo “error” o “problema”, porque lo que la sangre de Cristo limpia es justamente eso, el “pecado”.

Y si batallas con algo, ven con libertad y sinceridad al Padre, y solo dile: -Padre, esto está en mí, pero no es mío, porque yo soy tuyo.-

¡Temor a Dios es amor apasionado y profundamente respetuoso!

¡Esto sí que es temor de Dios!

OFERTA IRRECHAZABLE

Como ves, esto no es asunto de qué si Dios puede o no puede bendecirte en una manera muchísimo mayor de lo que has conocido. Más bien es asunto de qué si tú quieres esa oferta.

Te pregunto. ¿Le crees a Dios?

Tal vez tú me digas, -¿pero cómo puedo creerle, si aún no veo esa bendición realmente en mi vida?-

Entonces yo te pregunto, -¿Le crees a Dios aún sin verlo?- ¡Porque eso es creer!

Debes hacerlo, como lo hizo a Abraham al salir, “sin saber adonde iba”, poniendo toda su fe entregado a Dios.

Toma la oferta, porque con Dios siempre ganas, y con él nunca pierdes. Clama a Dios, porque te ha dado el derecho de hijo, te ha dado el acceso de un heredero. Dile entonces: -Dios mio, cumple tu palabra para conmigo.-

Pero recuerda que para recordarle a Dios, tienes que saber qué cosas él te ha prometido. Así que comienza conociendo las promesas que Dios hizo Abraham, porque todas ellas son igualmente para ti.

El nos dijo en su Palabra: “Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte” (Is.43:36).

Pero dirás: -¿Por qué ocupamos recordarle a Dios nuestro caminar y nuestra vida de integridad?

Es que no es porque algo se le olvide a él, sino porque soy yo quien le confieso que le creo. No es reclamo, es relación.

¡El pacto que fue para los antiguos lo es también ahora para nosotros!

En 2 Crónicas 6:14-17 Dios promete confirmar para con nosotros el pacto que hizo para con sus siervos de la antigüedad: “Salomón oró creyendo y dijo:Señor Dios de Israel, no hay Dios semejante a ti en el cielo ni en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia con tus siervos que caminan delante de ti de todo su corazón; que has guardado a tu siervo David mi padre lo que le prometiste; tú lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como se ve en este día. Ahora, pues, Señor Dios de Israel, cumple a tu siervo David mi padre lo que le has prometido, diciendo: No faltará de ti varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su camino, andando en mi ley, como tú has andado delante de mí. Ahora, pues, oh Señor Dios de Israel, cúmplase tu palabra que dijiste a tu siervo David.”

¡Esto sí que es una oferta!

DECISIÓN QUE ESPERA EL CIELO

Ahora bien, entonces. ¿el cielo mueve a la tierra, o la tierra mueve al cielo? Hay grandes eventos que Dios decide para nosotros, pero también hay gloriosos momentos que nosotros arrebatamos de parte de Dios… definitivamente.

Salmos 84:11 dice: “Porque sol y escudo es Jehová Dios. Gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad”.

Escoge, pues, la claridad y la limpieza de mente y de corazón, así como tus intenciones. Escoge esto para obtener todas las promesas de Dios.

Y finalmente, espérate a crecer, porque toma tiempo.

Pero dirás también: -¿Cómo puedo cambiar mi andar?- Pues simplemente por fe, porque lo que creo es lo que me mueve, y no por lo que veo me muevo.

Y así es como vamos ordenando nuestra conducta y nuestro pensamiento alineándonos a Dios.

Hay sillas todavía en la mesa de los héroes de la fe. Hay un reino que heredar. Hay un reino que obtener. Se le dijo a Jacob:“También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos” (Gen.35:11).

¡Esto sí que es la ruta hacia la plenitud!

Por:

ARIEL ROMERO LÓPEZ

Pastor General – Ministerio Vino y Aceite Internacional

(C) 2026

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