Pastor Ariel Romero López Blog
¿Qué cosa esconde para nosotros el canto celestial que los ángeles entonaron en la primera Navidad, y en qué sentido tiene este una aplicado en cuanto al tema del favor de Dios sobre nuestras vidas después de la venida de Jesucristo?
El canto de los ángeles en la primera Navidad revela tres verdades profundas: gloria a Dios en las alturas, paz en la tierra, y buena voluntad para con los hombres.
Estas palabras no solo describen un acontecimiento histórico; anuncian el inicio de la era de la gracia, donde Dios decidió mirar al ser humano con simpatía y favor por medio de Jesucristo.
San Lucas nos relata:
“Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían: ‘¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!’” (Lc. 2:13–14).
Este pasaje nos abre con profunda belleza la comprensión de lo que ocurrió en aquella primera Navidad: la noche sagrada en que nació el Salvador del mundo.
Detengámonos a contemplarlo, para dejar que su mensaje nos enriquezca.
¿Qué intentaba revelar este canto celestial?
¿Qué significado guarda hoy para nuestras vidas?
Miremos.
“GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS”
Esta proclamación marcaba una expresión inevitable e incontenible de parte de los ángeles. Era como si quisieran estallar públicamente con la noticia de un amor tan inefable, tan desbordante, que habitaba en el corazón del Padre: el amor que lo llevó a enviar a su Hijo como el regalo supremo para una humanidad perdida.
¡Un amor así es, en sí mismo, la manifestación más alta de su gloria!
La frase “en las alturas” nos invita a imaginar que aquel canto audible en la tierra era apenas un eco de un himno inmenso, entonado al unísono por todas las huestes celestiales, extendiéndose por toda la patria eterna.
El nacimiento de Aquel que vino a salvar a los pecadores provocó el más grande júbilo del cielo… un gozo que se repite cada vez que un pecador se arrepiente (Lc.15:10).
Pero “en las alturas” también significa lo más alto, lo más excelso, la cumbre de la alabanza. La llegada del Hijo de Dios al mundo es el acontecimiento más sublime, digno de los más universales y celestiales honores (Heb.1:6).
Es, además, un grito de celebración, semejante a la alegría de un padre que contempla por primera vez el rostro de su hijo recién nacido (Heb. 1:5).
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad” (Jn.1:14).
El Padre conocía y amaba al Hijo desde la eternidad; ahora también lo celebraba por nacimiento.
“EN LA TIERRA PAZ”
Dios siempre ha amado al ser humano, aun desde el Edén, cuando este decidió desobedecerlo. Pero con la encarnación del Hijo, Dios comenzó a mirar a la humanidad con una simpatía nueva y abierta.
¿Por qué? Porque, al hacerse Jesús un humano como nosotros, el Padre ve en cada persona un destello de Su Hijo… y reconoce en Su Hijo algo de cada uno de nosotros.
“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados” (II Co.5:19).
La paz anunciada por los ángeles es esta: “Justificados por la fe, tenemos paz con Dios” (Rom.5:1,2).
Antes vivíamos en hostilidad hacia lo celestial (Rom.8:7); pero al reconciliarnos con Dios por medio de Cristo, comenzamos a disfrutar una vida de verdadera paz:
- Paz con Dios.
- Paz con la conciencia.
- Paz con los demás.
“BUENA VOLUNTAD PARA CON LOS HOMBRES”
Desde la primera Navidad comenzó la “era de la gracia”: un tiempo en el que Dios no solo se dispuso a tener comunión con nosotros, sino que lo hizo de buena gana.
Otras traducciones revelan matices hermosos:
“entre los hombres de buena voluntad”, “los hombres de su agrado”, “aquellos de quienes se agradó”.
Es como si Dios dijera: “Me parecen bien. Decido arreglarme con ellos.”
Dios quiso estar bien con la humanidad… porque le quiso.
Y ahora desea convivir con nosotros con tierna benevolencia y con deleite.
La palabra griega eudokía significa buen placer, deseo, agrado, satisfacción, intención tierna, incluso el anhelo del corazón (Rom.10:1).
Aunque Dios no estaba obligado a darnos nada bueno, en Cristo demostró que Él quiso… y Él quiere.
UN GRAN CAMBIO DE ACTITUD
Con la aparición del Hijo en el mundo, el Padre se dispuso “de modo” y “de buena gana” a convivir con el ser humano.
Esto marcó un giro profundo en Su enfoque hacia nosotros: antes fuimos considerados ante todo culpables, ahora somos vistos principalmente como amados.
Antes de Cristo, la percepción era la de un hombre tratando de acercarse a Dios; desde Cristo, es Dios quien decide acercarse al hombre.
“En amor, habiéndonos predestinado… según el puro afecto de Su voluntad” (Ef.1:5).
“Según Su beneplácito, el cual se había propuesto en Sí mismo” (Ef.1:9).
CAMINANDO EN EL FAVOR DE DIOS
Dios cambió la manera en que nos mira; ahora nosotros debemos cambiar la manera en que lo miramos a Él.
Muchas de nuestras expectativas siguen ancladas al Antiguo Pacto:
Esperamos castigo en vez de conversación…
Juicio en vez de oportunidad…
Silencio en vez de misericordia…
Lo malo en vez de lo mejor…
Abandono en vez de compañía…
Cielo en contra, en vez de cielo a favor…
Pero la verdad permanece:
¡Su voluntad hacia nosotros es buena, agradable y perfecta! (Rom.12:2).
APRENDIENDO A VIVIR COMO FAVORECIDOS
Debemos aprender a ver nuestra vida con los ojos de Dios.
“Favor” describe la inclinación del corazón del Padre hacia nosotros a través del manto de Cristo.
• Habrá puertas abiertas para ti.
• Habrá perdón y guía.
• Habrá regalos sorpresivos del Señor.
“Pensamientos de paz, y no de mal” (Jer.29:11).
Quitemos la mirada de nuestras fallas, y fijémosla en Su favor.
La gracia y el favor son inseparables.
Solo necesitamos saberlo, reconocerlo, y entrenar nuestra mente para pensar como verdaderos bendecidos.
Hoy tienes la oportunidad de abrazar la mentalidad correcta: mirarte como Dios mira a Su propio Hijo Jesús.
“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mt.7:11).
¡Amén!
ABRAZANDO PALABRAS DE ÁNGELES
El canto de los ángeles no fue un simple anuncio navideño, sino la proclamación eterna de un Dios que decidió estar a nuestro favor.
Que este mensaje transforme la manera en que caminamos, creemos y esperamos.
Porque si Cristo vino —y Él vino— entonces cada día de nuestra vida está marcado por Su gracia, Su paz y Su buena voluntad.
“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Rom.8:32).






Bendiciones saludos excelente 👌