Pastor Ariel Romero López Blog
A menudo, corremos el riesgo de ver la cruz de Cristo solo como un evento histórico distante… y hasta un simple símbolo decorativo.
Para muchas personas, incluso, una cruz es algo que llevamos colgado al cuello, a manera de un amuleto de protección.
Sin embargo, para el creyente verdadero, la cruz no es el inicio del camino, sino el fundamento sobre el cual caminamos cada día.
Es vital, pues, mantener fresco lo básico del Evangelio, la noticia de que Jesús logró en la cruz lo que nosotros nunca habríamos podido realizar por nosotros mismos.
¿Qué cosas fueron logradas para nosotros gracias a lo sucedido en la cruz del Calvario, donde Jesús entregó su vida?

NUESTRO LUGAR DE ENCUENTRO CON LA GRACIA
Es necesario mantener fresco en el corazón lo básico del Evangelio, y nunca olvidar el significado esencial de la cruz de Cristo, ese hermoso y suficiente sacrificio que hizo en nuestro lugar de pecadores para llevarnos a Dios y asegurarnos vida eterna.“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero…” (1 Pedro 2:24).
Este es el misterio del sacrificio sustitutivo: el Justo por los injustos. Él cargó con nuestra herida para que nosotros recibiéramos su sanidad; él llevó nuestra muerte para que nosotros vistiéramos su vida. No es solo que Jesús murió por nosotros, es que murió en nuestro lugar.
Tú y yo merecíamos estar allí, clavados por nuestros pecados… pero él quiso tomar el lugar de nosotros, para sufrir en nuestra sitio el castigo que merecíamos como raza caída.
¿En qué aspectos se mostró eficaz para nosotros el poder de la cruz de Cristo? ¿Qué poder tiene esa cruz para ofrecernos?
1. PODER DE JUSTIFICACIÓN TOTAL: UN ACTA QEU QUEDÓ CLAVADA
Pablo dijo: “Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros… clavándola en la cruz” (Colosenses 2:14). Imagina un expediente legal donde están escritos todos tus errores, deudas morales y fracasos. Ese documento nos condenaba. Pero en el Calvario, Dios tomó ese expediente y, en lugar de usarlo contra nosotros, lo clavó en el madero. Cuando los clavos atravesaron las manos de Jesús, también atravesaron nuestra deuda. La cruz es el lugar donde tu pasado perdió el poder de condenarte. Dios verdaderamente olvida nuestros pecados para siempre. Dijo:
“Seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” (Heb.8:12).
2. PODER DE RECONCILIACIÓN TOTAL: UNA PAZ QUE COSTÓ SANGRE
San Pablo dice que por medio de Cristo, el Padre Celestial logró “reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Col.1:20). ¿De que tipo de “paz” estamos hablando?
Nuestra rebelión contra Dios había creado un abismo imposible de cruzar. No se podía arreglar con buenas obras ni con religiosidad. La paz no fue un decreto gratuito; fue una compra. La sangre de Cristo es el sello de un tratado de paz eterno entre el Creador y la criatura.
Al mirar la cruz, recordamos que ya no somos enemigos, sino hijos reconciliados. “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (II Cor.5:19). Así es. Habiendo sido enemigos de Dios ahora somos “amigos de Dios”
Debemos llenarnos y “forrarnos” de esa revelación de “reconciliación y justificación”. Solo entender esa “paz” (en en sentido de amistad reconciliada) nos puede brindar el gozo de vivir con “paz” en el alma, sabiendo que “justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom.5:1).
3. PODER DE ADOPCIÓN TOTAL: UN PASE DE ACCESO AL PACTO
En Efesios se nos dice que Cristo, “aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Ef.2:15-18). En este sentido, todas las promesa divinas hechas a Abraham ahora son también de nosotros, aun siendo gentiles, por medio de Cristo.
4. PODER DE TRANSFORMACIÓN TOTAL: UN CAMBIO OPERADO SOBRENATURALMENTE
La Palabra establece que Jesús, “con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Heb.10:14). “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Rom.6:3,4).
VIDA DE LIBERTAD… GRACIAS A LA CRUZ
Mantener la cruz “fresca en el corazón” significa despertar cada mañana sabiendo que nuestra aceptación delante de Dios no depende de nuestro desempeño, sino del sacrificio suficiente de Jesús. ¡Esa es la verdadera libertad!
Nunca permitamos que los quehaceres de la vida o la sofisticación de la modernidad de esta generación nos alejen de la sencillez y del poder de este mensaje: Que Cristo murió, Cristo resucitó y, por Su gracia, nosotros viviremos para siempre con Él.
El Evangelio no es un mensaje que solo debemos creer para ser salvos, sino también es el mensaje en el que debemos vivir para diariamente conforme somos transformados a su imagen.
Descansemos siempre en esta verdad: la cruz no es solo un evento histórico, es el fundamento de tu libertad y tu pase de acceso al Padre.
NO ALCANZA CON UNA CRUZ (Anónimo)
En un viejo recorte de revista publicado en Buenos Aires, Argentina, hace más de 40 años, encontré la siguiente reflexión, que me parece complementaria con este tema.
“La cruz está de moda. Es curioso que lo que fue un instrumento de tortura hoy sea visto no sólo en iglesias (donde puede servir para identificación o culto) o en cementerios (quizá por simple costumbre), sino también en joyerías o en casas de ornamentación. Y lógicamente, colgada del cuello de damas o de jóvenes de ambos sexos o en las paredes de las mansiones de lujo. ¿Qué significa todo eso? Realmente muy poco. Quizá en algunos años más, la costumbre pueda llegar a pasar (como una moda) y se use otra cosa en lugar de una cruz. No importa ahora mismo discutir si eso está bien o mal, pero esto quizá sea una forma de rebajar la importancia de algo que debiera llenar de emoción a sus portadores, del mismo modo que en otros tiempos fue moda llevar un medallón con la foto de algún ser querido que hubiera fallecido. ¿Es eso lo que siente quien ve o usa una cruz? Cada cual sabe en propia conciencia. Pero sin duda, el origen de todo ello está en lo que ocurrió en Tierra Santa en el primer siglo, cuando Cristo murió en una cruz. Es interesante que, aun en ese caso, tampoco fue suficiente una sola cruz, sino tres; las otras dos estaban ocupadas por ladrones, que reaccionaron de manera distinta: uno se irritó e insultó a Jesucristo; el otro se arrepintió de mal que había hecho y pidió su ayuda, que ciertamente recibió. Para completar la historia del Evangelio las otras dos cruces también son necesarias, porque nos redarguyen la conciencia acerca de cómo cada uno de nosotros hemos respondido el Cristo crucificado. Como quiera, San Pablo nos dice con mucha fuerza, que donde nosotros debemos considerarnos estar en la cruz de Jesús, porque en ese momento Él tomó el lugar que nos correspondía a nosotros. Dijo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado”. Nos explica que todos debemos sentir que, en la cruz, no estaba sólo Jesús, sino todos nosotros, y que debemos identificarnos con El, para que, por medio de su muerte, lleguemos a tener vida. No basta, pues, tener una cruz colgada del pecho o de la pared, o clavada sobre nuestra tumba cuando nos toque la hora de morir, sino que es necesario que esa cruz (o su significado, pues) esté dentro de nuestro pecho, en el centro de toda nuestra vida. De ese modo, lo que ocurrió en las afueras de Jerusalén el día que Cristo murió, será algo que nosotros mismos sentiremos: la derrota de todo lo malo y el camino a una victoria permanente, o sea a una nueva vida.”
Por:
ARIEL ROMERO LÓPEZ
(C) 2026
Pastor General: Ministerio Vino y Aceite Internacional





